Evangelio del Día 06 Abril 2017

Lectura del libro del Génesis 17, 3-9

En aquellos días, Abrán cayó de bruces y Dios le dijo: “Mira este es mi pacto contigo: serás padre de muchedumbre de pueblos.

No te llamarás ya Abrán, sino Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre. Te haré crecer sin medida, sacando pueblos de ti y reyes nacerán de ti. Cumpliré mi pacto contigo y tu descendencia en futuras generaciones, como pacto perpetuo. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Les daré a ti y a tus descendientes futuros la tierra en que peregrinas, como posesión perpetua; y seré su Dios”. Dios añadió a Abrahán: “Guardarás mi alianza, tú y tus descendientes, por siempre.” Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 104 “El Señor se acuerda de su alianza eternamente.”

Recurran al Señor y a su poder, busquen continuamente su rostro. Recuerden las maravillas que hizo, sus prodigios, las sentencias de su boca. R.

Estirpe de Abrahán, su siervo, hijos de Jacob, su elegido: el Señor es nuestro Dios, , el gobierna toda la tierra. R.

Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones; de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a Isaac. R.

Lectura del santo evangelio según san Juan 8, 51-59

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: – «Les aseguro: quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre». Los judíos le dijeron: – «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no conocerá lo que es morir para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?».

Jesús contestó: – «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien ustedes dicen: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocen. Yo sí lo conozco, y si dijera: “No lo conozco” sería, como ustedes, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, su padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría».

Los judíos le dijeron: – «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a

Abrahán?»

Jesús les dijo: «: Les aseguro que antes que naciera Abrahán existo yo. »

Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo. Palabra del Señor.

   
  Meditación
  se regocijó

 “¡Si alguno guarda mi palabra, no probará la muerte jamás!” Son palabras de grande profundidad.

La reacción de los judíos es inmediata: “Ahora estamos seguros de que tienes un demonio. Abrahán murió, y también los profetas; y tú dices: ‘Si alguno guarda mi palabra, no probará la muerte jamás.’ ¿Eres tú acaso más grande que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron. ¿Por quién te tienes a ti mismo?” Ellos no entendieron el alcance de la afirmación de Jesús, se nota que están a otro nivel.

 Quien me glorifica es mi Padre. Siempre y de nuevo Jesús toca la misma tecla: él está de tal modo unido al Padre que nada de lo que dice y hace es de él. Todo es del Padre. Y añadía: “Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica, de quien vosotros decís: `Él es nuestro Dios’, y sin embargo no le conocéis, yo sí que le conozco, y si dijera que no le conozco, sería un mentiroso como vosotros. Pero yo le conozco, y guardo su palabra. Vuestro padre Abrahán pensando en ver mi Día; lo vio y se alegró”. Estas palabras de Jesús deben haber sido como una espada que hiere la auto-estima de los judíos. Decir a las autoridades religiosas: “¡No conocéis al Dios que decís conocer!” ¡Yo le conozco y vosotros no le conocéis!”, es lo mismo que acusarlos de total ignorancia en aquel asunto sobre el cual enseñaban ser doctores especializados.

 Aquella gente parece que se desespera: “¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abrahán?” Tomaron todo al pie de la letra mostrando así que no entendían nada de lo que Jesús estaba diciendo. Y Jesús hace una nueva afirmación solamente: “¡En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, YO SOY!” Para los que creen en Jesús, es aquí que alcanzamos el corazón del misterio de la historia. De nuevo toman piedras para matar a Jesús. Ni siquiera esta vez lo conseguirán, ¡pues aún no ha llegado la hora! ¡Quien determina el tiempo y la hora es Jesús!

En realidad, ¿qué es lo que quisieran escuchar? No les agrada lo que dice Jesús, habla de cosas que no es posible aceptar para un judío ortodoxo, y Jesús se está buscando un problema, que posiblemente lo lleve a la muerte. No hay forma de hacerles entender la verdadera naturaleza de Jesús.