Evangelio del Día 12 de Febrero 2017

Lectura del libro del Eclesiástico 15,16-21

Si quieres, guardarás los mandatos del Señor, porque es prudencia cumplir su voluntad; ante ti están puestos fuego y agua:

echa mano a lo que quieras; delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja. Es inmensa la sabiduría del Señor, es grande su poder y lo ve todo; los ojos de Dios ven las acciones, él conoce todas las obras del hombre; no mandó pecar al hombre, ni deja impunes a los mentirosos. Palabra de Dios.

Salmo Responsorial: 118

R./ Dichoso el que camina en la voluntad del Señor

Dichoso el que, con vida intachable, camina en la voluntad del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón. R/.

Tú promulgas tus decretos para que se observen exactamente. Ojalá esté firme mi camino, para cumplir tus consignas. R/.

Haz bien a tu siervo: viviré y cumpliré tus palabras; ábreme los ojos, y contemplaré las maravillas de tu voluntad. R/.

Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes, y lo seguiré puntualmente; enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón. R/.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2,6-10

Hermanos: Hablamos, entre los perfectos, una sabiduría que no es de este mundo, ni de los príncipes de este mundo, que quedan desvanecidos, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Sino, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman.» Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu. El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios. Palabra de Dios

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5,17-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No crean que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Les aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. Se lo aseguro: Si no son mejores que los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos.

Han oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será procesado. Pero yo les digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil” tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “renegado” merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vas todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel.

Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto. Han oído el mandamiento “no cometerás adulterio.” Pues yo les digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno. Está mandado: “El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio.” Pues yo les digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio. Han oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus votos al Señor.”

Pues yo les digo que no juren en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A ustedes les basta decir “sí” o “no”. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.» Palabra del Señor

Meditación

De antiguo, la fe del Pueblo de Dios giraba en torno a la Ley y los profetas, un orden de cosas necesario, hasta cierto grado, como garantía de la adopción de las normas que regían el concepto de justicia, dinámica que fue transformada radicalmente con la llegada de Cristo.

Desde entonces el amor hecho persona es el principal núcleo de la fe, porque ser cristiano no es seguir ideas, es seguir a una persona, porque el cristianismo es Cristo.

Ya se trate de un cuerpo de doctrina, de un sistema de creencias o código legislativo de cualquier índole, la ley puede resbalar afectando de modo superficial la vida de las personas, sometiéndolas a cauces rigorosos de formulismo en determinados contextos y realidades sociales para guardar las formas, sin que necesariamente penetre con fidelidad interior al corazón o la conciencia de los subordinados a su cumplimiento.

La Ley solo tiene un valor fundamental en cuanto sea expresión del amor de Dios a los hombres. Cristo viene a dar esa nueva dimensión a la ley, personalizándola, por eso habla con la autoridad de quien se sabe poseedor de una misión renovadora: Han oído ustedes que se dijo a los antiguos, pero yo les digo abordándolas con un enfoque de centralidad en la misericordia de Dios y en la persona humana, ahora sometido a esa nueva ley del amor (El mismo), presentándose como intérprete del novedoso precepto basado en las escrituras, pero sin sobrepasar los derechos de los judíos.

Cuando este sentimiento integrador predomina en el ser humano, somos capaces de pensar, sentir y actuar con la plena seguridad de que no transgrediremos el amor de Cristo. Desde esa misma óptica, San Agustín invita: Ama y haz lo que quieras.

No podemos pasar por alto unos pocos versículos que resumen la radicalidad del Evangelio cuando plantea si tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda. Se supone que la falta está en el hermano que tiene algo contra nosotros. Empero, esta nueva ley nos exige tomar la iniciativa para procurar la reconciliación, evitando estar distanciados de alguna persona, dar el primer paso, aunque la falta provenga desde el litoral del otro.

En el código penal dominicano, toda tentativa de crimen podrá ser considerada como el crimen mismo. En consonancia, este nuevo código del amor establecido por Cristo, estatuye que la intencionalidad, en los casos de adulterio y de matar, es considerada como el pecado cometido, toda vez que somos el templo vivo de Cristo y el solo acto de pensar llevar a cabo cualquier falta mancha dicho santuario.

Llegados a este punto, cuestionemos si nuestra naturaleza pecaminosa no ha sentido el impulso irresistible de dañar algún prójimo, o si estamos distanciados de alguien, acaso por razones que consideremos justificadas. En ese caso, tenemos una tarea de reconciliación por delante que no puede esperar la llegada del próximo día.