Homilía de Mons. Benito Ángeles en el Jubileo de los Comunicadores Catedral Primada de América

Agradezco al Sr. Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo, Su Eminencia Nicolás de Js. Cardenal López Rodríguez la confianza de encomendarme esta hermosa misión de presidir esta Eucaristía en este día con todos los Comunicadores, colegas y hermanos muy cercanos como son todos los comunicadores en sus diferentes expresiones de Prensa, Radio, TV y redes.

El Papa Francisco acompaña muy de cerca esta misión de servicio de la palabra, de la imagen, de las ideas yARH_7586 pensamientos que contribuyan siempre al valor supremo de la verdad y la información con sentido de forjadora y formadora de conciencia solidaria y siempre cargada de misericordia.

He aquí lo esencial que nos propone el Papa en su reciente Mensaje dirigido a todos los comunicadores del mundo, con motivo de esta 50 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, a celebrarse en este dia de la Ascensión del Señor, con el lema: Comunicación y Misericordia, Encuentro Fecundo.

• Como hijos de Dios estamos llamados a comunicar con todos, sin exclusión. Se trata de acoger en nosotros y de difundir a nuestro alrededor el calor de la Iglesia Madre.

• La comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, las palabras y los gestos para superar las incomprensiones, curar la memoria herida y construir paz y armonía. Las palabras pueden construir puentes entre las personas, las familias, los grupos sociales y los pueblos.

• Quisiera, invitar a las personas de buena voluntad a descubrir el poder de la misericordia de sanar las relaciones dañadas y de volver a llevar paz y armonía a las familias y a las comunidades. La misericordia es capaz de activar un nuevo modo de hablar y dialogar, como tan elocuentemente expresó Shakespeare: «La misericordia no es obligatoria, cae como la dulce lluvia del cielo sobre la tierra que está bajo ella. Es una doble bendición: bendice al que la concede y al que la recibe» (El mercader de Venecia, Acto IV, Escena I).

• Hago un llamamiento a cuantos tienen responsabilidades institucionales, políticas y de formar la opinión pública, a que estén siempre atentos al modo de expresase cuando se refieren a quien piensa o actúa de forma distinta, o a quienes han cometido errores.

• Es fácil ceder a la tentación de aprovechar estas situaciones y alimentar de ese modo las llamas de la desconfianza, del miedo, del odio.

• Se necesita valentía para orientar a las personas hacia procesos de reconciliación. «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. […] Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,7.9).

ARH_7614• Nosotros podemos y debemos juzgar situaciones de pecado –violencia, corrupción, explotación, etc.–, pero no podemos juzgar a las personas, porque sólo Dios puede leer en profundidad sus corazones. Nuestra tarea es amonestar a quien se equivoca, denunciando la maldad y la injusticia de ciertos comportamientos, con el fin de liberar a las víctimas y de levantar al caído. El evangelio de Juan nos recuerda que «la verdad os hará libres» (Jn 8,32). Esta verdad es, en definitiva, Cristo mismo, cuya dulce misericordia es el modelo para nuestro modo de anunciar la verdad y condenar la injusticia.

• Nuestra primordial tarea es afirmar la verdad con amor (cf. Ef 4,15). Palabras y gestos duros y moralistas corren el riesgo hundir más a quienes querríamos conducir a la conversión y a la libertad, reforzando su sentido de negación y de defensa.

• Los padres nos han amado y apreciado más por lo que somos que por nuestras capacidades y nuestros éxitos. Los padres quieren naturalmente lo mejor para sus propios hijos, pero su amor nunca está condicionado por el alcance de los objetivos. La casa paterna es el lugar donde siempre eres acogido (cf. Lc 15,11-32).

• Pensar en la sociedad humana, no como un espacio en el que los extraños compiten y buscan prevalecer, sino más bien como una casa o una familia, donde la puerta está siempre abierta y en la que sus miembros se acogen mutuamente. Es fundamental escuchar. Comunicar significa compartir, y para compartir se necesita escuchar, acoger. Escuchar es mucho más que oír. Oír hace referencia al ámbito de la información; escuchar, sin embargo, evoca la comunicación, y necesita cercanía. Escuchar significa, liberarse de cualquier presunción de omnipotencia y de poner humildemente las propias capacidades y los propios dones al servicio del bien común.

• Escuchar nunca es fácil. Es prestar atención, tener deseo de comprender, de valorar, respetar, custodiar la palabra del otro.

• No es la tecnología la que determina si la comunicación es auténtica o no, sino el corazón del hombre y suARH_7690 capacidad para usar bien los medios a su disposición.

• Las redes sociales son capaces de favorecer las relaciones y de promover el bien de la sociedad.

• También pueden conducir a una ulterior polarización y división entre las personas y los grupos.

• El entorno digital es una plaza, un lugar de encuentro, donde se puede acariciar o herir, tener una provechosa discusión o un linchamiento moral.

• Pido que el Año Jubilar vivido en la misericordia «nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación» (Misericordiae vultus, 23).

• El encuentro entre la comunicación y la misericordia es fecundo en la medida en que genera una proximidad que se hace cargo, consuela, cura, acompaña y celebra. En un mundo dividido, fragmentado, polarizado, comunicar con misericordia significa contribuir a la buena, libre y solidaria cercanía entre los hijos de Dios y los hermanos en humanidad.

Es cierto que el día a día del ejercicio de un comunicador está lleno de desafíos y retos, que sin duda alguna tenemos que darle el frente con fidelidad a nuestros principios y valores éticos y morales, que nos obligan a la firmeza de conciencia, a la reciedumbre de una voluntad dispuesta al sacrificio con amor y al servicio de nuestro pueblo con alegría.

Precisamente, Jesús, una vez cumplida su misión, al subir al cielo, nos deja la tarea y la encomienda de continuar su misión de evangelizar con alegría, siendo portadores de su Palabra y testigos de la verdad.
Hoy acojamos con amor fraternal esta invitación del Papa Francisco: Ser Comunicadores misericordiosos, propiciadores de un encuentro fecundo: que consuela, ama, acompaña y celebra.
Dios bendiga la vida personal, familiar y social de cada Comunicador en nuestra República Dominicana.