Lectura del libro de Jeremías 20,10-13
Dijo Jeremías: «Oía el cuchicheo de la gente: “Pavor en torno; delátenlo, vamos a delatarlo.” Mis amigos acechaban mi traspié.” A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él.”
Dijo Jeremías: «Oía el cuchicheo de la gente: “Pavor en torno; delátenlo, vamos a delatarlo.” Mis amigos acechaban mi traspié.” A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él.”
Escúchenme, islas; atiendan, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre.
En aquellos días, Moisés habló al pueblo, diciendo: «Tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad.
Hermanos: Ojalá me tolerasen unos cuantos desvaríos; bueno, ya sé que me los toleran. Tengo celos de ustedes, los celos de Dios; quise desposarlos con un solo marido, presentándolos a Cristo como una virgen fiel.
Hermanos: El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra generosamente, generosamente cosechará.
Hermanos: Les informo del favor que Dios ha hecho a las Iglesias de Macedonia: En las pruebas y desgracias creció su alegría; y su pobreza extrema se desbordó en un derroche de generosidad.
Hermanos: Como cooperadores suyos que somos, les exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice: «En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda»; pues miren, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación.
En aquellos días, los israelitas llegaron al desierto del Sinaí y acamparon allí, frente al monte.
Hermanos: Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos.
Hermanos: El tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros.