Lectura de la primera carta del apóstol San Juan 2, 3-11
Queridos hermanos: En esto sabemos que conocemos a Jesús: en que guardamos sus mandamientos.
Queridos hermanos: En esto sabemos que conocemos a Jesús: en que guardamos sus mandamientos.
Queridos hermanos: Les anunciamos el mensaje que hemos oído a Jesucristo: Dios es luz sin tiniebla alguna.
Queridos hermanos: Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida (pues la vida se hizo visible), nosotros la hemos visto, les damos testimonio y les anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó.
En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba.
Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijo la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: “Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios”.
Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: “Señor Jesús, recibe mi espíritu”. Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado”. Y, con estas palabras, expiró. Palabra de Dios.
Salmo Responsorial: 30.
R/ “A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”.
Sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y guíame. R/
A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás. Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. Te has fijado en mi aflicción. R/
Líbrame de los enemigos que me persiguen; haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. R/
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No se fíen de la gente, porque les entregarán a los tribunales, les azotarán en las sinagogas y les harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así darán testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Cuando les arresten, no se preocupen de lo que van a decir o de cómo lo dieran: en su momento se les sugerirá lo que tienen que decir; no serán ustedes los que hablan, el Espíritu de su Padre hablará por ustedes.
Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos les odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará”.
Palabra del Señor.
Los días 26, 27 y 28 de este mes la Iglesia que es Madre y Maestra nos invita a contemplar tres fiestas muy ligadas al gran acontecimiento de la navidad. Hoy celebramos la fiesta de San Esteban, protomártir, una palabra que nos puede resultar dominguera, pero que significa: el primero de los testigos.
Esteban es uno de los siete diáconos que fueron elegidos por los apóstoles para que se encargaran del servicio en favor de los más necesitados. Esteban es el primer creyente en Jesús que da su vida por él. Teniendo en cuenta el mensaje de Jesús: “el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí, la recuperará”.
Esteban fue capaz de perseverar hasta el final. Por eso en este tiempo de Navidad, recordamos a aquél que fue el primero entre muchos que a lo largo de la historia han tenido que dar la vida por Jesús. Todavía hoy en algunos países de oriente y de Europa, se sigue martirizando a los cristianos. La Iglesia se fortalece con el testimonio de sus mártires, no en vamos se ha dicho que la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos.
Es muy fácil ser cristiano en tiempos de bonanzas pero no es fácil cuando se tiene que vivir la fe en contexto de persecución. El cristiano tiene que estar dispuesto a dar la vida por Jesús. Existe el martirio cruento y el martirio incruento, todos estamos llamados a ir ofreciendo nuestra vida a Dios como el sacrificio más agradable que podamos hacerle a Él.
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande, habitaban tierras de sombra, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo:
Cuando el rey David se estableció en su palacio, y el Señor le dio la paz con todos los enemigos que le rodeaban, el rey dijo al profeta Natán: «Mira, yo estoy viviendo en casa de cedro, mientras el arca del Señor vive en una tienda.» Natán respondió al rey: «Ve y haz cuanto piensas, pues el Señor está contigo.»
Así dice el Señor: «Miren, yo les envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien ustedes buscan, el mensajero de la alianza que ustedes desean. Mírenlo entrar –dice el Señor de los ejércitos–.
En aquellos días, llevó Ana a Samuel, a la casa del Señor, en Siló y llevó también un toro de tres años, medio quintal de harina y un pellejo de vino. El muchacho era pequeño.
¡Miren, ya viene, saltando por los montes, brincando por las colinas! Mi amado como una gacela, es como un cervatillo. Miren: se ha parado detrás de mi tapia, atisba por las ventanas, observa por las rejas.
En aquellos días, el Señor habló a Acaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.» Respondió Acaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor.»