Lectura de la primera carta de Juan 2,29; 3,6
Queridos Hermanos: Si saben que él es justo, reconozcan que todo el que obra la justicia ha nacido de él.
Queridos Hermanos: Si saben que él es justo, reconozcan que todo el que obra la justicia ha nacido de él.
Queridos hermanos: ¿Quién es el mentiroso, sino aquel que niega que Jesús es Cristo? Ese es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo, posee también al Padre.
En cuanto a ustedes, lo que han oído desde el principio permanezca en ustedes. Si permanece en ustedes lo que han oído desde el principio, también ustedes permanecerán en el Hijo y en el Padre y esta es la promesa que Él mismo les hizo: la vida eterna.
Les he escrito esto, respecto a los que tratan de engañarlos. Y en cuanto a ustedes la unción que de Él han recibido, permanece en ustedes y no necesitan que nadie les enseñe. Pero como su unción les enseña acerca de las cosas-y es verdadera y no mentirosa-, según les enseñó, permanezcan en él. Y ahora, hijos míos, permanezcan en el para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no quedemos avergonzados lejos por Él en el día de su venida. Palabra de Dios.
Salmo Responsorial: 97
Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Canten al Señor un cantico nuevo, porque ha hecho maravillas. Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R
El señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: Se acordó de su misericordia y su fidelidad a favor de la casa de Israel. R
Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera, griten, vitoreen, toquen. R/.
Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?» Él confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.» Le preguntaron:
«¿Entonces, ¿qué? ¿Eres tú Elías?» Él dijo: «No lo soy.» «¿Eres tú el Profeta?» Respondió: «No.»
Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?» Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanen el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías.»
Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?»
Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de ustedes hay uno que no conocen, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.»
Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando. Palabra del Señor
El Señor habló a Moisés: «Di a Aarón y a sus hijos: Esta es la fórmula con que bendecirán a los israelitas: El Señor te bendiga y te proteja; ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda su favor. Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré». Palabra de Dios.
Salmo Responsorial:c66
“El Señor tenga piedad y nos bendiga.”
El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; a conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. R
Que canten de alegría las naciones, porque riges al mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud, y gobiernas las naciones de la tierra. R
Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que
Dios nos bendiga; que te teman hasta los confines del orbe. R
Hermanos: Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como son hijos, Dios envió a sus corazones al Espíritu de su hijo que clama: “Abba” (Padre). Así ya no eres esclavo, sino hijo, y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios. Palabra de Dios.
En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se Admiraban de los decían los pastores. Y María, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios, por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.
Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción. Palabra del Señor.
Hijos míos, es el momento final. Han oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora.
Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha.
Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque flaquee su mente, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas. La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados; el día del peligro se acordará de ti y deshará tus pecados como el calor la escarcha. Palabra de Dios.
Salmo responsorial: Sal 127
R/. “Dichosos el que teme al Señor y sigue sus caminos”.
Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien. R.
Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa. R.
Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida. R.
Hermanos: Como pueblo elegido de Dios, pueblo sacro y amado, sea su uniforme: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión. Sobrellévense mutuamente y perdónense, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor les ha perdonado: hagan ustedes lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en su corazón; a ella han sido convocados, en un solo cuerpo.
Y celebren la Acción de Gracias: La palabra de Cristo habite entre ustedes en toda su riqueza; enséñense unos a otros con toda sabiduría; exhórtense mutuamente.
Canten a Dios, denle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicen, sea todo en nombre del Señor Jesús, ofreciendo la Acción de Gracias a Dios Padre por medio de él.
Mujeres, vivan bajo la autoridad de sus maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amen a sus mujeres, y no sean ásperos con ellas. Hijos, obedezcan a sus padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperen a sus hijos, no sea que pierdan los ánimos. Palabra de Dios.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 2,13-15.19-23
Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.» José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.» Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño.» Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a Israel. Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y, avisado en sueños, se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los profetas, que se llamaría Nazareno. Palabra del Señor
Queridos hermanos: En esto sabemos que conocemos a Jesús: en que guardamos sus mandamientos.
Queridos hermanos: Les anunciamos el mensaje que hemos oído a Jesucristo: Dios es luz sin tiniebla alguna.
Queridos hermanos: Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida (pues la vida se hizo visible), nosotros la hemos visto, les damos testimonio y les anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó.
En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba.
Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijo la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: “Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios”.
Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: “Señor Jesús, recibe mi espíritu”. Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado”. Y, con estas palabras, expiró. Palabra de Dios.
Salmo Responsorial: 30.
R/ “A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”.
Sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y guíame. R/
A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás. Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. Te has fijado en mi aflicción. R/
Líbrame de los enemigos que me persiguen; haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. R/
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No se fíen de la gente, porque les entregarán a los tribunales, les azotarán en las sinagogas y les harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así darán testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Cuando les arresten, no se preocupen de lo que van a decir o de cómo lo dieran: en su momento se les sugerirá lo que tienen que decir; no serán ustedes los que hablan, el Espíritu de su Padre hablará por ustedes.
Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos les odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará”.
Palabra del Señor.
Los días 26, 27 y 28 de este mes la Iglesia que es Madre y Maestra nos invita a contemplar tres fiestas muy ligadas al gran acontecimiento de la navidad. Hoy celebramos la fiesta de San Esteban, protomártir, una palabra que nos puede resultar dominguera, pero que significa: el primero de los testigos.
Esteban es uno de los siete diáconos que fueron elegidos por los apóstoles para que se encargaran del servicio en favor de los más necesitados. Esteban es el primer creyente en Jesús que da su vida por él. Teniendo en cuenta el mensaje de Jesús: “el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí, la recuperará”.
Esteban fue capaz de perseverar hasta el final. Por eso en este tiempo de Navidad, recordamos a aquél que fue el primero entre muchos que a lo largo de la historia han tenido que dar la vida por Jesús. Todavía hoy en algunos países de oriente y de Europa, se sigue martirizando a los cristianos. La Iglesia se fortalece con el testimonio de sus mártires, no en vamos se ha dicho que la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos.
Es muy fácil ser cristiano en tiempos de bonanzas pero no es fácil cuando se tiene que vivir la fe en contexto de persecución. El cristiano tiene que estar dispuesto a dar la vida por Jesús. Existe el martirio cruento y el martirio incruento, todos estamos llamados a ir ofreciendo nuestra vida a Dios como el sacrificio más agradable que podamos hacerle a Él.
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande, habitaban tierras de sombra, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo: