En la catequesis de la audiencia general, el Santo Padre recuerda que debemos ser signo e instrumento de la misericordia través de pequeños gestos concretos
Lectura del primer libro de las Crónicas, 15,3-4,15-16; 16,1-2
En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todos los israelitas, para trasladar el arca del Señor al lugar que le había preparado.
TEXTO: Catequesis del Papa Francisco sobre las obras corporales y espirituales
El Papa Francisco habló, en la catequesis de la Audiencia General del miércoles, de las obras corporales y espirituales y aseguró que son fundamentales para los cristianos.
¿Quieres echar de ti el egoísmo, la codicia y la soberbia? El Papa te da este consejo
En la Misa matutina en Santa Marta, el Papa Francisco señaló que el verdadero camino es el de la humildad y la humillación, como mostró el mismo Jesús, porque es la única manera “para echar de nosotros el egoísmo, la codicia, la soberbia, la vanidad, la mundanidad”.
El Santo Padre dedicó su homilía a denunciar la “religión de la apariencia”, del “maquillaje”, que quiere parecer una cosa pero no lo es. En definitiva, dijo la libertad cristiana viene de Jesús y “no de nuestras obras”.
“La redención viene del camino de la humildad y de la humillación porque no se llega nunca a la humildad sin humillación”, subrayó invitando a ver “a Jesús humillado en la cruz”.
Al comentar la carta de San Pablo a los Gálatas de la liturgia del día, el Santo Padre denunció la actitud de los fariseos que se observa en el relato: “Vosotros fariseos limpiáis el exterior de los vasos y de los platos, pero vuestro interior está lleno de avidez y de maldad”.
“Esto Jesús se lo repite muchas veces en el Evangelio a esta gente: ‘vuestro interior es malvado, no es justo, no es libre. Sois esclavos porque no habéis aceptado la justicia que viene de Dios, la justicia que nos ha dado Jesús”.
Y en otro pasaje del Evangelio, Jesús pide rezar sin hacerse ver, sin apariencias, algo que Francisco destacó como el “camino de la humildad”. “Lo que importa –explicó– es la libertad que nos ha dado la redención, que nos ha dado el amor, que nos ha dado la recreación del Padre”.
“Esta libertad interna, esa libertad que hace el bien estando escondido, sin hacer sonar la trompeta. Porque el camino de la verdadera religión es el mismo camino de Jesús: la humildad, la humillación”, reflexionó Francisco.
“Al contrario, la gente a la que Jesús reprueba son personas que siguen la religión del maquillaje: la apariencia, el parecer, hacer como que se es algo pero dentro… Jesús usa para esta gente una imagen muy fuerte: ‘vosotros sois sepulcros blanqueados, hermosos por fuera pero dentro llenos de huesos muertos y de podredumbre’”.
Francisco invitó a continuación a ser humildes según el ejemplo de Jesús. “Él nos llama, nos invita a hacer el bien con humildad”, afirmó. “Tú puedes hacer todo el bien que quieras pero si no lo haces humildemente, como nos enseña Jesús, no sirve, porque es un bien que nace de ti mismo, de tu seguridad y no de la redención que Jesús nos ha dado”.
“Pidamos al Señor no cansarnos de recorrer este camino, de no cansarnos de rechazar esta religión de la apariencia, del parecer, de hacer como si… e ir haciendo el bien de manera silenciosa, gratuitamente como nosotros gratuitamente hemos recibido nuestra libertad interior. Y que Él cuide esta libertad interior de todos nosotros. Pidamos esta gracia”, concluyó.
Lecturas comentadas por el Papa:
Primera lectura
Gálatas 5:1-6
1 Para ser libres nos libertó Cristo. Manteneos, pues, firmes y no os dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud.
2 Soy yo, Pablo, quien os lo dice: Si os dejáis circuncidar, Cristo no os aprovechará nada.
3 De nuevo declaro a todo hombre que se circuncida que queda obligado a practicar toda la ley.
4 Habéis roto con Cristo todos cuantos buscáis la justicia en la ley. Os habéis apartado de la gracia.
5 Pues a nosotros nos mueve el Espíritu a aguardar por la fe los bienes esperados por la justicia.
6 Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión tienen valor, sino solamente la fe que actúa por la caridad.
Evangelio
Lucas 11:37-41
37 Mientras hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa.
38 Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer.
39 Pero el Señor le dijo: «¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad.
40 ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior?
41 Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros.
Fuente: www.aciprensa.com
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 5,1-6
Hermanos: Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manténganse firmes, y no se sometan de nuevo al yugo de la esclavitud. Miren lo que les digo yo, Pablo: si se circuncidan, Cristo no les servirá de nada.
El Papa en Sta. Marta advierte sobre la religión “de maquillaje” y del “aparentar”
En la homilía de este martes, el Santo Padre recuerda que el bien hay que hacerlo con humildad, como lo hizo Jesús.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4,22-24.26-27.31–5,1
Hermanos: En la Escritura se cuenta que Abrahán tuvo dos hijos, uno de la esclava y otro de la libre; el hijo de la esclava nació de modo natural, y el de la libre por una promesa de Dios.
Papa Francisco asegura que el cristiano debe renovar su fe en Cristo todos los días
El Papa Francisco invitó a renovar la fe en Cristo día a día y reivindicó a San Vicente Pallotti, fundador de los Palotinos, como “faro iluminador e inspirador de la Iglesia”.
Lectura del segundo libro de los Reyes
En aquellos días, Naamán de Siria bajó al Jordán y se bañó siete veces, como había ordenado el profeta Eliseo, y su carne quedó limpia de la lepra, como la de un niño.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 3, 22-29
Hermanos: La Escritura presenta al mundo entero prisionero del pecado, para que lo prometido se dé por la fe en Jesucristo a todo el que cree. Antes de que llegara la fe estábamos prisioneros, custodiados por la ley, esperando que la fe se revelase.