{"id":13778,"date":"2023-01-03T13:50:08","date_gmt":"2023-01-03T17:50:08","guid":{"rendered":"https:\/\/www.arquidiocesisd.org\/madre-de-dios-y-reina-de-la-paz-diario-catolico\/"},"modified":"2026-05-11T16:38:11","modified_gmt":"2026-05-11T16:38:11","slug":"madre-de-dios-y-reina-de-la-paz-diario-catolico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arquidiocesisd.org\/?p=13778","title":{"rendered":"Madre de Dios y Reina de la paz \u2013 Diario Cat\u00f3lico"},"content":{"rendered":"<p> [ad_1]<br \/>\n<\/p>\n<div>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Por P. Robert A. Brisman P.<\/p>\n<p>\u00a0Hemos iniciado este nuevo a\u00f1o. Como siempre, nuestra Iglesia cat\u00f3lica nos invita a reflexionar en la figura de la Virgen Mar\u00eda, Madre de Dios; y tambi\u00e9n, Madre nuestra y Madre de la Iglesia.<\/p>\n<p>En estos d\u00edas del tiempo de Navidad que han transcurrido, hemos venido reflexionando de manera particular en varios aspectos que caracterizan a la Madre del Hijo de Dios: su virginidad pura y santa, su vocaci\u00f3n, su generosidad y esp\u00edritu de servicio, el Magn\u00edficat, que es su oraci\u00f3n de alabanza y glorificaci\u00f3n a Dios, donde plasma su humildad; su misi\u00f3n materna en el conjunto de la familia, etc. Pues en esta ocasi\u00f3n quiero reflexionar, y compartir con ustedes, otro aspecto de la Virgen Madre donde se nos presenta tambi\u00e9n como la \u201cMujer de la paz\u201d, como dir\u00eda el papa san Juan Pablo II: <em><i>\u201cSi Jes\u00fas es la paz, Mar\u00eda es la Madre de la paz, Madre del Pr\u00edncipe de la paz\u201d<\/i><\/em>.<\/p>\n<p>El evangelista san Lucas nos se\u00f1ala que <em><i>\u201cMar\u00eda guardaba todas estas cosas ponder\u00e1ndolas, \u2013 es decir reflexion\u00e1ndolas y examin\u00e1ndolas -, en su coraz\u00f3n\u201d<\/i><\/em>\u00a0\u00bfQu\u00e9 significa esta afirmaci\u00f3n? Si estamos celebrando el que el Hijo de Dios ha nacido en el pesebre de nuestro coraz\u00f3n, es porque es el lugar privilegiado donde \u00e9l quiere habitar de manera permanente; es en nuestro coraz\u00f3n donde quiere hacer y establecer su morada en nosotros. Ya nos dir\u00e1 en su predicaci\u00f3n que: <em><i>\u201cCuando queramos hablar con Dios, nuestro Padre, entremos a nuestra habitaci\u00f3n, cerremos la puerta, para all\u00ed tener un di\u00e1logo con nuestro Padre y \u00e9l, que ve en lo secreto, nos recompensar\u00e1\u201d<\/i><\/em>. Por lo tanto, el coraz\u00f3n humano es el lugar del encuentro con Dios: un encuentro de fe, de amor y confianza, que se da en el di\u00e1logo mutuo de saber que yo le hablo a Dios y \u00e9l me escucha; pero tambi\u00e9n, donde \u00e9l me habla y yo le escucho: <em><i>\u201cEl que me escucha a m\u00ed, escucha al que me ha enviado\u201d<\/i><\/em>.<\/p>\n<p>La presencia de Dios en nuestra vida, en nuestro coraz\u00f3n, nos trae los dones, las gracias y bendiciones espirituales que son la promesa del Dios Todopoderoso para todo aquel que cree en \u00e9l, y deposita su amor y confianza en \u00e9l. Uno de esos dones es precisamente el don de la paz.<\/p>\n<p>Ya habremos de escuchar de boca del mismo Cristo, en el Serm\u00f3n de la monta\u00f1a que, todo el que luche por la paz, ser\u00e1 bienaventurado y ser\u00e1 llamado hijo de Dios. Tambi\u00e9n este ser\u00e1 el saludo caracter\u00edstico del ap\u00f3stol, del disc\u00edpulo de Cristo: <em><i>\u201cCuando entren en una casa, digan primero: paz a esta casa, y si all\u00ed hay gente de paz, descansar\u00e1 sobre ellos su paz, si no, volver\u00e1 a ustedes\u201d<\/i><\/em>. Y es que la paz es uno de los grandes anhelos del ser humano. Jesucristo vino al mundo tambi\u00e9n como Rey de la paz. Jesucristo fue un revolucionario, pero no en el sentido meramente humano del t\u00e9rmino; sino m\u00e1s bien, su mensaje ha sido toda una revoluci\u00f3n del coraz\u00f3n humano. Esta ha sido la revoluci\u00f3n que vivi\u00f3 la Virgen Madre desde el principio. Supo mantener la paz interior, del coraz\u00f3n, en medio de las dificultades, los conflictos y las pruebas.<\/p>\n<p>Vivimos en la actualidad una espiral de violencia, generada por el mal que nos arropa. Violencia que no nos permite vivir la paz que anhelamos y deseamos, porque a lo mejor no la hemos buscado por el camino correcto. Esta violencia, lo cierto es que no ha aparecido de repente, sino m\u00e1s bien, es consecuencia de nuestra libre decisi\u00f3n. La violencia es incompatible con el seguimiento de aquel que muri\u00f3 en la cruz perdonando a sus asesinos; as\u00ed como tambi\u00e9n lo hizo el primer m\u00e1rtir cristiano, el di\u00e1cono san Esteban. Es una violencia agresiva y destructora, primeramente, contra los bienes creados con su af\u00e1n de dominio, de querer adue\u00f1arse de lo que no es suyo, de querer transformar lo que no ha creado. Una violencia que conduce al ser humano a no cuidar ni proteger la creaci\u00f3n; destrozando de esta manera la imagen y voluntad de Dios en su ser. Pero tambi\u00e9n, somete y domina al mismo ser humano con injusticias, agresiones y marginaciones en las que se ven obligados a vivir. Pues todo esto va en contra de la lucha de quienes quieren defender sus derechos, tener una vida digna y vivir de manera libre de las injusticias.<\/p>\n<p>Pero esta agresividad y destrucci\u00f3n la ejercen muchos contra s\u00ed mismos, porque ven la vida como fruto o consecuencia de la casualidad y no como un don, un regalo de Dios; y que, por lo tanto, su responsabilidad es administrarla y cuidarla de acuerdo con la voluntad del Dios vivo. Vemos c\u00f3mo muchos, desgraciadamente, da\u00f1an su cuerpo y su alma, hundi\u00e9ndose en los placeres mundanos y desordenados, dando lugar a la concupiscencia y a una vida sin sentido y de p\u00e9rdida de la trascendencia. Caminamos en la cultura de la muerte, la dictadura del relativismo y el desastre de lo que podemos llamar la <em><i>\u201cdemencia de la teor\u00eda de g\u00e9nero\u201d<\/i><\/em>, impuesta por pol\u00edticos sin escr\u00fapulos que disponen de grandes sumas de dinero p\u00fablico para financiar los antojos y deseos de personas que tienen una percepci\u00f3n err\u00f3nea con su cuerpo. Para \u00e9stos, su dios es su est\u00f3mago. Y es que el hombre, a pesar de estar hecho a imagen y semejanza de Dios, lleva la huella del pecado original y la suma de sus propios pecados personales.<\/p>\n<p>En medio de este panorama, hoy tambi\u00e9n celebramos la Jornada Mundial de la Paz. La Virgen Mar\u00eda es la Reina de la paz. La paz que es un don de Dios y, al mismo tiempo, es tarea y conquista nuestra. Una tarea que tenemos que ir resolviendo en el d\u00eda a d\u00eda, y poder as\u00ed, ir logrando nuestra realizaci\u00f3n humana. Es la paz que no quiere decir ausencia de guerras, pleitos, conflictos, dolor, sufrimiento, odios, rencores, etc. Es la paz que tenemos que aprender a vivir y testimoniar en medio de la tormenta. Es la paz que nace en nuestro interior, en nuestro coraz\u00f3n; es la paz que brota de un coraz\u00f3n puro, noble, humilde y generoso. Un coraz\u00f3n como el de la Madre de Dios. A esto nos invita el papa Francisco en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este a\u00f1o: <em><i>\u201ces tiempo de retornar a la humildad\u201d<\/i><\/em>\u00a0\u00a1Y es que la paz verdadera s\u00f3lo puede ser un regalo de Dios! Y \u00e9sta no se puede establecer ni consolidarse si no se respeta el orden establecido por Dios.<\/p>\n<p>La paz es un camino, no una meta. Ya nos dec\u00eda Mahatma Gandhi <em><i>\u201cNo hay camino para la paz; la paz es el camino\u201d<\/i><\/em>. Nosotros solos, por nuestras propias fuerzas no podemos establecer la paz. Tenemos que educarnos para la paz. Dec\u00eda el psic\u00f3logo suizo Jean Piaget que <em><i>\u201cLa educaci\u00f3n confiere autonom\u00eda intelectual y moral para distinguir el bien del mal y poder llegar a ser una persona buena\u201d<\/i><\/em>. Y, para san Agust\u00edn<em><i>\u00a0\u201cel deseo de felicidad es la fuerza impulsora de toda acci\u00f3n humana, y nadie puede ser feliz si no tiene paz\u201d<\/i><\/em>.<\/p>\n<p>La paz depende de una voluntad buena, una voluntad que est\u00e9 impulsada por un amor ordenado. Y s\u00ed, recordemos que todo lo que Dios cre\u00f3, lo cre\u00f3 bueno, nos dice el libro del G\u00e9nesis. Nosotros hemos sido creados buenos por Dios, por el Dios de la bondad. Pero \u00bfqu\u00e9 ha pasado con esa bondad con la que Dios nos ha creado? \u00bfPor qu\u00e9 no la manifestamos? \u00bfA qu\u00e9 le tenemos miedo? \u00bfPor qu\u00e9 hemos dejado salir y manifestar el mal que hay en nosotros, y que no viene de Dios, para hacernos da\u00f1o y hacerle da\u00f1o a los dem\u00e1s? Seguimos fomentando la espiral de la violencia. Estamos perdiendo la capacidad de manifestar la bondad de Dios. A muchos solo les interesa <em><i>\u201cser el mejor\u201d<\/i><\/em>, ser <em><i>\u201cel diferente al otro\u201d<\/i><\/em>. Esta educaci\u00f3n en la paz no termina, por lo menos en esta vida.<\/p>\n<p>La paz, como don de Dios, nos exige tolerancia, comprensi\u00f3n, di\u00e1logo sin imposici\u00f3n, dominio del temperamento, disposici\u00f3n para perdonar y pedir perd\u00f3n. Vuelve a decirnos el papa Francisco, en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este nuevo a\u00f1o que, <em><i>\u201cDebemos afrontar los retos de nuestro mundo con responsabilidad y compasi\u00f3n\u2026 promover acciones de paz para poner fin a los conflictos y guerras que siguen generando v\u00edctimas y pobreza\u201d<\/i><\/em>. Y el papa san Juan Pablo II nos recordaba que <em><i>\u201cla paz es obra de la justicia, y por tanto requiere el respeto de los derechos y el cumplimiento de los deberes propios de cada hombre y mujer\u201d<\/i><\/em>.<\/p>\n<p>Debemos ser constructores de la paz. La paz es tambi\u00e9n fruto de la fidelidad a Dios, que nos trae sus beneficios. Ya lo hemos escuchado en las alabanzas de los \u00e1ngeles: <em><i>\u201cGloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad\u201d<\/i><\/em>; y en la ant\u00edfona de entrada a la misa leemos que <em><i>\u201cEl Se\u00f1or llega con fuerza, para visitar a su pueblo con la paz y darle la vida eterna\u201d<\/i><\/em>. La paz va unida a la alegr\u00eda: <em><i>\u201cLes dar\u00e9 un gozo y una alegr\u00eda que nadie les podr\u00e1 quitar\u2026 y para que su gozo sea pleno\u201d<\/i><\/em>, nos dijo el Se\u00f1or. Y es que la paz que brota del coraz\u00f3n del Hijo amado es una paz que ignora el miedo y que nos hace ser absolutamente dichosos, porque es una paz profunda y completa: <em><i>\u201ces la paz que se realiza en la verdad; que se construye sobre la justicia; que est\u00e1 animada por el amor y que se hace libertad\u201d<\/i><\/em>\u00a0(sn Juan Pablo II).<\/p>\n<p>La Virgen Mar\u00eda no llega a nuestra vida como una casualidad o, como algo accidental. Es m\u00e1s bien la obra maestra de Dios en la vida del cristiano. Es la Hija de Dios Padre, Madre del Dios Redentor y Esposa del Esp\u00edritu Santo. Pero tambi\u00e9n es Madre nuestra. Por esto es por lo que debemos de dirigir siempre nuestro amor y alegr\u00eda hacia ella con devoci\u00f3n y humildad: <em><i>\u201cPorque con su testimonio de vida, ella nos anima a creer en el cumplimiento de las promesas divinas. Nos invita al esp\u00edritu de humildad, actitud interior propia de la criatura hacia su Creador; nos exhorta a poner nuestra esperanza segura en Cristo, que realiza plenamente el designio salv\u00edfico, incluso cuando los acontecimientos aparecen oscuros y son dif\u00edciles de aceptar. Como estrella resplandeciente, ella gu\u00eda nuestros pasos hacia el encuentro con el Se\u00f1or que viene\u201d<\/i><\/em>\u00a0(sn Juan Pablo II).<\/p>\n<p>Hemos dicho que Mar\u00eda es tambi\u00e9n Madre de la iglesia. Su maternidad espiritual la ejerce, como toda madre, buscando siempre la unidad. Ella fue la que mantuvo a los disc\u00edpulos, \u2013 despu\u00e9s de morir su Hijo -, unidos y en oraci\u00f3n, a la espera de que llegara el Esp\u00edritu Santo para que les llenara de sabidur\u00eda y fuego. La maternidad espiritual de Mar\u00eda consiste en poner paz entre los hermanos, destacar lo bueno que ten\u00eda cada uno. Es una Madre que vela por sus hijos, que est\u00e1 pendiente de sus necesidades, que arriesga su propia vida para ayudar a sus hijos. Mirando hacia ella, a su ejemplo y testimonio, es lo que la Iglesia de su Hijo hoy m\u00e1s que nunca necesita: disc\u00edpulos que estemos dispuestos a defender la Iglesia de Cristo, \u2013 que es tambi\u00e9n nuestra Iglesia -, de los enemigos que quieren destruirla, no s\u00f3lo desde fuera sino, sobre todo, los que est\u00e1n dentro de ella, y que son esos lobos disfrazados de ovejas. Tenemos que implantar la paz dentro de la Iglesia de Cristo; tenemos que fomentar el di\u00e1logo fundamentado en la verdad. Tenemos que ser parte de la soluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Mar\u00eda no s\u00f3lo es Madre y disc\u00edpula de Dios. Es tambi\u00e9n Maestra de humildad, de caridad, de sabidur\u00eda. Es la Madre que nos sigue diciendo, en relaci\u00f3n con su Hijo: <em><i>\u201cHagan lo que \u00e9l les diga\u201d<\/i><\/em>, porque si cada uno busca la justicia, nacer\u00e1 la paz para todos; porque lo que importa no es recibir honores o dignidades, tener acceso o no a los puestos de mando, sino amar. Y en el amor, ella es tambi\u00e9n Maestra, porque el amor es la plenitud.<\/p>\n<p>Creer en Mar\u00eda como Madre de Dios y de la Iglesia, nos debe de llevar a reflexionar en que debemos mantenernos en contacto con el cielo, con lo divino; para no contagiarnos de lo mundano; para poder seguir siendo luz en el mundo. Debemos de recuperar la voz prof\u00e9tica de la Iglesia de Cristo, sin miedos ni complejos. La Iglesia es la familia espiritual de Cristo y ninguna otra realidad la sustituye. La Iglesia es la depositaria y custodia del mensaje del evangelio de Jes\u00fas, su buena noticia de salvaci\u00f3n. Este es el mensaje que ella debe y tiene que seguir proclamando a todos los hombres y mujeres, de todos los lugares y tiempos, hasta que el Se\u00f1or vuelva. Debemos recuperar nuestra fe en Cristo, en su evangelio y en su Iglesia.<\/p>\n<p>Dios quiere conquistar nuestros corazones, por eso nos envi\u00f3 a su Hijo, el Pr\u00edncipe de la Paz; para sentirnos amados y poder amar y vivir en la alianza del amor. Cristo es nuestra paz y nuestra alegr\u00eda; el pecado, por el contrario, siembra soledad, inquietud, dolor y tristeza en el alma. Los cristianos tenemos que estar siempre abiertos a la paz, testimoniarla all\u00ed donde nos encontremos. Si somos hombres y mujeres que tienen la verdadera paz en su coraz\u00f3n estaremos mejores capacitados para vivir como hijos e hijas de Dios y viviremos mejor la fraternidad con los dem\u00e1s<\/p>\n<p>Al comenzar este nuevo a\u00f1o, imitemos al ap\u00f3stol san Juan que, al pie de la cruz escuch\u00f3 y cumpli\u00f3 con la voluntad de su Se\u00f1or y Maestro, de llevarse a su Madre \u00a0a su casa, para que nos ense\u00f1e a vivir santamente, ya que somos d\u00e9biles y caemos; y para que interceda ante su divino Hijo renov\u00e1ndonos interiormente y crecer en el amor de Dios y en el servicio al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Santa Mar\u00eda, Madre de Dios, Madre nuestra, Madre de la Iglesia y Reina de la Paz. Ruega por nosotros. Amen.<\/p>\n<p><span class=\"td-adspot-title\">&#8211; Publicidad &#8211; <\/span><\/p>\n<\/div>\n<p>[ad_2]<br \/>\n<br \/><a href=\"https:\/\/www.diariocatolico.org\/2023\/01\/03\/solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-y-reina-de-la-paz\/\">Source link <\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[ad_1] \u00a0 Por P. Robert A. Brisman P. \u00a0Hemos iniciado este nuevo a\u00f1o. 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