Lectura del libro del profeta Jeremías 11, 18-20
El Señor me instruyó y comprendí, me explicó lo que hacían, yo como cordero manso, llevado al matadero;
El Señor me instruyó y comprendí, me explicó lo que hacían, yo como cordero manso, llevado al matadero;
Se dijeron los impíos, razonando equivocadamente: «Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso: se opone a nuestro modo de actuar, nos reprocha las faltas contra la ley y nos reprende contra la educación recibida;
En aquellos días, el Señor dijo a Moisés: – «Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto.
Así dice el Señor: «En tiempo de gracia te he respondido, en día de la salvación te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: “Salgan “, a los que están en tinieblas: “Vengan a la luz.”
En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo el Señor. De debajo del umbral del templo corría agua hacia el este – el templo miraba a levante -. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar.
Así dice el Señor: «Miren voy a crear un nuevo cielo y una nueva tierra: de lo pasado no habrá recuerdo ni vendrá pensamiento, sino que habrá gozo y alegría perpetua por lo que voy a crear”.
En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: «Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey.»
En aquel tiempo, el Señor habló a Acaz: “Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.” Respondió Acaz:
Así dice el Señor Dios: «Conviértete, Israel, al Señor Dios tuyo, porque tropezaste por tu pecado. Preparen su discurso y vuelvan al Señor y díganle:
Así dice el Señor: «Esta fue la orden que di a mi pueblo: Escuchen mi voz. Yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo; caminen por el camino que les mando, para que les vaya bien. Pero no escucharon ni prestaron oído; caminaban según sus ideas, según la maldad de su corazón obstinado, me daban la espalda y no la frente.