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Mons. Diplán insta a la familias a tener a Jesucristo en su centro por siempre
Quiero aprovechar para saludar. A Mons. Bendito Ángeles. Obispo Auxiliar Emérito de esta Arquidiócesis de Santo Domingo.
También saludo a cada uno de los vicarios de las Vicarias territoriales de esta Arquidiócesis de Santo Domingo. Saludo el particular a la Diócesis Stella Maris que nos acompañan, ¿dónde está la Diócesis Stella Maris? Nuestro saludo a la Diócesis, que nos acompaña en esta celebración desde aquí también. Nuestro saludo a su obispo Mons. Manuel Ruiz, la excusa de Monseñor Francisco Ozoria, que está desde hace unos días acompañando a los coros en el Jubileo, en esta peregrinación en Roma. y para obispo auxiliar de esta Arquidiócesis de Santo Domingo; Mons. José Amable Durán, quién está en este momento en la Diócesis de la Vega, ya que es el administrador apostólico de esta diócesis.
Así el saludo para cada uno de ustedes, Hermanos y hermanas. Que han venido, caminando, dando un paso firme por La familia, yo supongo que no sean cansado ninguna, ¿está cansados todos ustedes? Porque si mostramos cansancio, ¿Ahora qué será? Para manejar los problemas de la familia.
Aunque nos cansamos de gente que se ha ido cansando en los problemas de la familia, no nos cansemos. Sigamos trabajando y fortaleciendo los vínculos en la familia, y en este día en que celebramos la fiesta de Cristo Rey del universo, contemplamos a esa presencia de Jesús en nuestras vidas. En toda la humanidad, Jesús el centro de todo el centro de la humanidad y con esta fiesta terminamos el año litúrgico. Para comenzar próximamente, el tiempo de Adviento, en este día hemos tomado este tiempo para orar por la familia y nos unimos a cada una de las diócesis que también están dando un paso por la familia. Multitudes en cada una de ellas, como aquí en Santo Domingo. Una gran multitud que se ha movilizado valientemente para decir, yo creo en la familia, y creemos en la familia, y defenderemos la familia, y ese paso que estamos dando. Debemos mantenerlo firme, sin desanimarnos, sin descansar, pero debemos tener mucho cuidado todos nosotros, ustedes lo que los que tiene responsabilidades directas en la educación, y la formación en un hogar, en una familia. Cuidar para que Cristo sea siempre, el compañero principal de cada hogar.
De cada hogar, Jesucristo sea siempre acogido, y sea siempre bienvenido en cada una de las familias. Lamentablemente muchas familias han ido sacando a Cristo de su casa. Lo han ido, sacando de su hogar y cuando sacamos a Cristo de la familia. Cuando sacamos a Cristo de nuestro hogar. Entonces se pierde la paz, se pierde la unidad, se pierde el sentido del perdón. Hoy no lamentamos muchísimo, por los hechos que se dan en muchos hogares de la violencia doméstica.
Las enemistades y la confrontación que se dan en muchas familias, porque han sacado a Cristo de su casa. Hay que luchar por mantener la unidad, la paz y la fe en cada uno de los hogares. Pero Cristo debe estar ahí en cada familia. No lo descuide. No te distraiga por las preocupaciones y los problemas y los quehaceres de la vida, Cristo debe ser siempre ese centro en la compañía principal de tu familia, y de mi familia, para que podamos vivir en paz en cada hogar para que podamos manifestar la unidad en familia y podamos reconciliarnos cuando nos ofendemos, pero Cristo debe estar ahí, ¡no lo saquemos! No te deje confundir, mantenga a Cristo en tu casa, en tu corazón, en tu familia para que seas siempre el sostén, la ayuda. La iluminación de tu hogar y cuando en la familia se tiene a Cristo, como centro y cuando se cultiva una vida cristiana sana en el hogar. La familia entonces se convierte en una gran escuela de formación en valores, y hoy nos quejamos y nos lamentamos, porque los antivalores han ido ganando mucho espacio en nuestros terrenos familiar, y nos lamentamos y escribimos. Y hablamos, y nos ponemos la mano en la cabeza quejándonos. Pero es que hemos perdido nuestra función en la familia, de educar en los valores Humanos. Y cuando una familia asume su rol Educando a sus hijos en los valores humanos, formarán un verdadero ser humano. Un verdadero cristiano, solidario, sensible con calidad humana, como le llamamos.
Porque se ha educado en una familia, donde los valores humanos, Han estado muy presente y tenemos la responsabilidad en el hogar y cada uno papá y mamá no se lo pida al Estado. No se lo pida a los grupos sociales. ¿Tú como familia asume tu tarea?, Porque necesitamos seres humanos. Conscientes, sensibles, seres humanos que verdaderamente colaboren con el desarrollo de la humanidad de la sociedad, pero cuando hay un sentido cristiano, y una familia cristianas, pero también ese compromiso de la familia de educar en los valores morales, y papá, y mamá con los gestos y los signos en la familia, van educando y enseñando a ese ser humano, a vivir los valores y los principios morales. y nuestra República Dominicana requiere de hombres y mujeres con profundos, principios morales, para que podamos dirigir, y guiar a nuestras instituciones. Estamos fallando y esa falla está sucediendo y se está dando en los hogares, porque no estamos educando en esos valores de la honestidad, de la responsabilidad, de la transparencia, de la fidelidad, del trabajo y comienza en la familia. No es en la escuela, ni en la Universidad, no es en el barrio, ni en el sector. Es usted papá y mamá que enseña ese muchacho, esa muchacha desde pequeño hacer ser serio. Hacer honesto hacer responsable. No es después que este grande, es educación en la casa. Pero debe haber principios cristianos, formados en esos principios cristianos, pero también una familia que educa y que forme a ese ser humano en los valores cristianos. Y te podrían decir a ti, nos echan en cara, que eso pasó de moda, que eso está viejo. ¡Mentira! los valores cristianos permanecen, porque Cristo es el mismo ayer hoy y siempre, y esos valores permanecerán y tenemos que defenderlo.
Y por eso la formación cristiana no debe cesar en cada una de las familias. No es en la parroquia. No es en los centros de catequesis. Familias que formen a Sus hijos, a sus hijas, en verdaderos cristianos queremos ejemplos como Iglesia y que la gente se siente orgulloso, orgullosa esos hermanos que vienen de una familia cristiana. Si Cristo está en el hogar y si formamos como familia, tendremos buenos ciudadanos y no tendremos que quejarnos, ni lamentarnos constantemente, pero esos hombres y esas mujeres formadas en una familia donde Cristo ha sido el centro, esos seres humanos y ciudadanos que se han formado en valores. Entonces nos garantizarán el futuro de nuestra sociedad, y por eso serán la familia. Entonces la garantía del progreso. Y él. Bienestar. De la Sociedad y por eso. Decimos. Que. La familia. La principal. Institución. Del de un de una sociedad. Y es verdad si la familia anda mal, las instituciones las demás instituciones andarán mal y tenemos que garantizar el bienestar y la estabilidad de la familia para que podamos tener instituciones buenas. No nos estemos lamentando constantemente de los problemas que pasan esta instituciones públicas y privadas, ¿Por qué quienes las dirigen? los ciudadanos que vienen de familias si la familia anda mal, entonces así andará de más instituciones y por eso damos gracias a Dios del ejemplo de tantas familias y han contribuido al desarrollo de este país y comenzando por la familia de Juan Pablo Duarte. La familia que lo dio todo para la libertad y el bienestar. Y la institucionalidad de este país, nos da un ejemplo y así tantas familias que a lo largo de la historia de este país han sido los constructores de esta nación. No ha sido otros. Han sido familias, reconocidas y familias que están en el silencio porque han hecho un gran aporte, para que tengamos una República Dominicana. Gracias a estas familias, pero lamentablemente hoy hay un grupo que ha entendido que no, ha entendido que ha sido todo. Un fracaso. Todo eso y se han montado. En la ola de crear una nueva cultura, o a tomar una nueva cultura para presentarnos un modelo de familia y esa familia son las que van a modernizar y desarrollar la sociedad, y así lo creen. Y así lo creyó el Imperio Romano en su momento. Cuando llegó a su mayor esplendor, el permitir las relaciones entre la persona del mismo sexo y caer en los hechos de destruir, la vida de los demás y creían que estaban en el gran progreso y total fue el gran fracaso del Imperio Romano. En la familia está el sostén de la sociedad y el progreso. No se mide con aprobar leyes y permitir normativas y cosas que no son propias de nuestra cultura y penosamente.
Penosamente instituciones del mismo estado dominicano si han prestado también a ser parte de esa agenda internacional, que nosotros como país no aceptamos ni admitimos, somos dominicanos y tenemos una cultura y unos valores que tenemos que cuidar todos nosotros.
¿Cuánto dinero? Lamentablemente se invierten en estos grupos imponiendo, agendas y cultura, pero lamentablemente, no inviertan dinero en promover los valores Haitianos, que lamentablemente mucho no viven. Pero que no quieren invertir en eso. Seguimos defendiendo nuestra familia y apostamos al bienestar de la sociedad construyendo familias sanas y trabajando, pero bienestar de nuestra familia. Por eso todos oremos, Unámonos cuidando al bienestar de nuestros hogares de cada una de las familias para que podamos sentirnos, contentos y orgullosos de tener una familia buena, y decir Somos dominicanos y tenemos familias honestas honradas familias que viven en principio y valores. Y que se mantienen en las buenas costumbres. Por eso nosotros seguimos defendiendo los valores cristianos, los valores familiares, los valores patrios, porque ahí está el futuro de nuestro pueblo, y ahí está el futuro de la Nación, y ahí está el bienestar de todos nosotros, de estabilidad de este país. Por eso… ¡Viva la familia…, que viva República Dominicana! un aplauso a toda la familias.
Miles de dominicanos caminaron por la familia y la esperanza en Santo Domingo
NOTA DE PRENA.
Arquidiócesis de Santo Domingo a través de la Vicaría Episcopal de Pastoral Familia y Vida celebrara con júbilo la Gran Caminata “Un Paso por mi Familia 2025”, una multitudinaria manifestación de fe y unidad familiar que reunió a miles de personas en la Avenida George Washington, reafirmando el compromiso de la Iglesia con la defensa y promoción de los valores familiares en la sociedad dominicana.
Este año, se unieron también a esta gran caminata la Diócesis Stella Maris y la Diócesis Castrense, fortaleciendo aún más el espíritu de comunión eclesial en favor de la familia. La Caminata estuvo presidida por Mons. Carlos Tomás Morel Diplán, Arzobispo Coadjutor de la Arquidiócesis de Santo Domingo, acompañado de Mons. Ramón Benito Ángeles Fernández obispo auxiliar emérito de Santo Domingo, Mons. Daniel Lorenzo Vargas, Vicario Episcopal Territorial de la Vicaría Santo Cristo de los Milagros, sacerdotes, diáconos y una inmensa comunidad de fieles.
Cada noviembre, el Mes de la Familia y las Vocaciones invita a reconocer la grandeza de esta institución fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, y a celebrar el don de haber sido acogidos, amados y formados en el seno de nuestros hogares. Este año no fue la excepción: familias completas caminaron con entusiasmo, expresando que la familia sigue siendo la base y el corazón de la sociedad.
Una experiencia que marca a la nación
“Un Paso por mi Familia”, iniciativa iniciada en 2012 por la Comisión Nacional de Familia (CNF), se ha consolidado como una de las actividades más concurridas del país. Desde sus inicios en distintas diócesis hasta su expresión nacional, ha convocado a obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas y miles de fieles que, con pancartas, poloshirts y banderolas, proclaman cada año los valores que sostienen la vida familiar: fidelidad, responsabilidad, respeto,
perdón, solidaridad, comunicación, vida, justicia, fraternidad y, este año de manera especial, la esperanza y la cultura del cuidado.
Además de la caminata, la jornada estuvo enriquecida por presentaciones artísticas, cantos, danzas y un ambiente festivo que destacó la belleza de la vida en familia.
El lema de este año, “Un paso por mi familia con esperanza hacia la Pascua”, motivó una participación especialmente significativa, evidenciando la necesidad de fortalecer la unidad familiar en tiempos de desafíos sociales y culturales.
Resumen de la Homilía
En su homilía, Mons. Carlos Tomás Morel Diplán exhortó a las familias dominicanas a asumir con responsabilidad su papel fundamental en la formación moral y cristiana de la sociedad. Señaló que muchas de las fallas que hoy afectan al país tienen su origen en hogares donde no se cultivan valores esenciales como la honestidad, la responsabilidad, la transparencia, la fidelidad y el trabajo. Recordó que la verdadera educación en valores no se inicia en la escuela ni en la parroquia, sino en el hogar, con padres que formen a sus hijos desde pequeños en los principios cristianos que permanecen vigentes.
Mons. Morel enfatizó que una sociedad sólida se construye sobre familias donde Cristo es el centro, ya que de ellas surgen ciudadanos comprometidos con el bien común. Advirtió sobre corrientes culturales que buscan redefinir la familia y alejarla de su esencia, resaltando que la historia demuestra que cuando una sociedad abandona sus valores fundamentales, termina debilitándose. Finalmente, animó a seguir defendiendo la familia dominicana, promotora de buenas costumbres, unidad y esperanza para el país.
Un manifiesto en favor de la familia dominicana
El evento concluyó con la lectura del manifiesto a cargo de la Comisión de Familia y Vida presentó un Manifiesto Nacional por la Familia, en el cual reafirma que la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, es la célula primera y vital de la sociedad, y renovó su llamado a las autoridades, al sector empresarial y a toda persona de buena voluntad para promover políticas públicas que la protejan y fortalezcan.
Resumen del Manifiesto
El documento resalta:
- La necesidad de que el Estado reconozca y garantice el papel fundamental de la familia, tal como establece la Constitución dominicana.
- La urgencia de políticas públicas que aseguren vivienda digna, acceso a educación, salud, alimentación, agua potable, energía y condiciones económicas que permitan a las familias vivir con seguridad y bienestar.
- La importancia de crear centros de asistencia y acompañamiento familiar, especialmente para quienes enfrentan violencia intrafamiliar o situaciones de vulnerabilidad.
- El fortalecimiento de programas de apoyo a niños, jóvenes, envejecientes y familias afectadas por la pobreza extrema.
- La promoción de una educación integral basada en valores, tanto en los hogares como en las escuelas.
- El llamado a los medios de comunicación a favorecer contenidos que apoyen la unidad y la salud familiar.
- La exhortación a que todas las decisiones del Estado estén alineadas con la protección de la vida y la familia, reafirmando su papel como pilar de la sociedad dominicana.
Con estas acciones, la Iglesia reafirma su compromiso de seguir dando un paso firme por la familia, promoviendo los valores que construyen un mejor país y animando a todos los dominicanos a vivir la esperanza con alegría y fe.
Nota de Prensa y Manifiesta Un Paso por Mi Familia 2026 en formato PDF:
Contactos:
✝️Rvdo. P. Dr. Mario de la Cruz Campusano
Vicario Episcopal de Pastoral Familia y Vida
Vicaría Episcopal de Pastoral Familia y Vida
📍 C/ Isabel La Católica 55, Zona Colonial, Santo Domingo, DN
☎️Tel.: 809-537-5337; 🧾 RNC: 430050751;✉️ E-mail: vifamiliayvida@gmail.com
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Recibimos con alegría en la Parroquia Santa Lucía Mártir de la Zona Pastoral Villa Mella-Guaricano, al Arzobispo Coadjutor de la Arquidiócesis de Santo Domingo, S.E.R. Monseñor Carlos Tomás Morel Diplán quien compartió con el Clero de la Vicaría Norte una jornada de reflexión profunda sobre los desafíos y caminos pastorales que nos llaman a servir mejor.
Un encuentro de comunión, escucha y renovación para seguir anunciando el Evangelio con fidelidad y esperanza.
“La lectura de la palabra de cada día… nos ayuda a orientar nuestras vidas como cristianos”
El nuevo Arzobispo coadjutor de la Arquidiócesis de Santo Domingo, S.E.R. Mons. Carlos Tomás Morel Diplán, dirigió este domingo la eucaristía en la parroquia Divina Providencia, en el sector Arroyo Hondo, que celebra sus patronales en honor a la virgen que lleva su mismo nombre.
Este es el primer servicio que ofrece tras su reciente posicionamiento en el cargo y compartió un mensaje basado en el libro de Malaquías en su capítulo tres, versículos 19 y 20, sobre preservarse en el cumplimiento de la palabra de Dios para esperar el día de salvación.
“La lectura de la palabra de cada día, de cada domingo, nos ayuda a nosotros a orientar nuestras vidas como cristianos y cristianas; es como el faro, la luz que nos va a iluminar para nosotros saber vivir nuestras vidas”, expresó Morel Diplán.
Fuente: Listin Diario
Encuentro de Programación Arquidiocesana 2026
Durante los días 🗓️ 10 al 12 de noviembre de 2025, obispos, vicarios episcopales territoriales, vicarios adjuntos, arciprestes y directores de comisiones se reunieron para discernir juntos los caminos de la misión evangelizadora de nuestra Iglesia en Santo Domingo.
✨ Un espacio de comunión, escucha y planificación pastoral, guiado por el Espíritu Santo, para seguir construyendo una Iglesia sinodal y en salida.
🙏🏼 Pedimos al Espíritu Santo que siga guiando los pasos de nuestra Arquidiócesis en este camino de comunión y misión.
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S.E.R. Mons. Carlos T. Morel D., toma posesión como Arzobispo Coadjutor de Santo Domingo
Santo Domingo, Rep. Dom. S.E.R. Monseñor Carlos Tomás Morel Diplán, tomó posesión canónica de la Arquidiócesis de Santo Domingo co,mo Arzobispo Coadjutor, con derecho de sucesión, en una Eucaristía celebrada con la participación de Obispos de la Conferencia del Episcopado Dominicano (CED) y la Vicepresidenta de la República, Raquel Peña, el lunes 10 de noviembre en la Catedral Primada de América.
Monseñor Francisco Ozoria Acosta, Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo, agradeció al Santo Padre León XIV que, “haya aceptado nuestra solicitud de un obispo coadjutor. Recibimos con alegría y gozo el nombramiento de Mons. Carlos Tomás Morel Diplán, como signo de unidad y sinodalidad. ¡Bienvenido a la Arquidiócesis de Santo Domingo!”
A seguidas, el secretario de la Nunciatura, Rvdo. P. Elton Michael Namori, leyó la Bula Apostólica mediante la cual, el papa León XVI nombra a Mons. Carlos Tomás como arzobispo coadjutor de Santo Domingo.
En sus palabras, Mons. Morel Diplán manifestó que, “como Pastor quiero centrar mi ministerio episcopal en tres acciones: servir con amor, escuchar con generosidad y acompañar como un hermano, misión que nuestro Señor Jesucristo priorizó entre la gente en su vida terrenal”.
Al finalizar la Eucaristía, Mons. Piergiorgio Bertoldi, nuncio apostólico en la República Dominicana, anunció la designación de Mons. José Amable Durán Tineo como administrador apostólico de la diócesis de La Vega, quien hasta el momento se desempeña como obispo auxiliar de la arquidiócesis de Santo Domingo.
Sobre los obispos coadjutores
Según establece el Código de Derecho Canónico, el obispo coadjutor “asiste al obispo diocesano en todo el gobierno de la diócesis, y hacen sus veces cuando se encuentre ausente o impedido. Al quedar vacante la sede episcopal, el obispo coadjutor pasa inmediatamente a ser obispo de la diócesis para la que fue nombrado, con tal de que hubiera tomado ya legítimamente posesión”.
Dircom CED
Tema: “La Esperanza no defrauda” (Rm 5, 5). | Lema: “Llamados a Servir iluminados por la Esperanza”
Del 02 al 09 de noviembre.
Sábado 1: – Noche de adoración por las vocaciones: “Quédate con Nosotros”. En el Seminario Menor Jesús Buen Pastor -6:00pm
Domingo 2: – Misa de Apertura de la Semana Vocacional en las distintas parroquias.
Lunes 3: – Instagram Live de la Pastoral Vocacional – Pregúntale al Sacerdote y a la Religiosa.
Martes 4: – Programa de Radio y TV: “Entre Sacerdotes” en Vida FM y Televida, 12:00 p.m.
– Programa de Radio, “En ruta”, Vida FM, a las 5:00 p.m.
Miércoles 5: – Llegada de los Seminaristas a las Parroquias, 5:00 p.m.
– Rosario Vocacional en Familia (Los párrocos invitan a las familias a rezar el santo Rosario por las vocaciones) 7:00 p.m.
Jueves 6: – Visita de los seminaristas a los centros educativos, 9:00 a.m.
– Adoración Eucarística en cada parroquia (Que la adoración de este jueves la intención principal sea vocacionales, sacerdotales y religiosas).
Viernes 7: – Visita de los seminaristas a los Centros Educativos, 9:00 a.m.
– Encuentro vocacional con los jóvenes en cada parroquia con el Tema: Tema: “La Esperanza no defrauda” (Rm 5, 5). Lema: “Llamados a Servir iluminados por la Esperanza “a las 7:00 p.m.
Sábado 8: – Acción Pastoral, por las Vocaciones a cargo de Los Socios y Celadores, a.m.
Domingo 9: – Gran Encuentro JAMAR en el Poli educativo Loyola, con el lema: “Jóvenes, camino de Esperanza”, (Cf. Lucas 24,15); iniciando a las 8:00 a.m., a cargo de los jóvenes y de los Socios y Celadores.
La Arquidiócesis de Santo Domingo recibe con alegría a su nuevo Arzobispo Coadjutor
Con alegría y esperanza, la Arquidiócesis de Santo Domingo celebra el nombramiento de Monseñor Carlos Tomás Morel Diplán como Arzobispo Coadjutor, con derecho de sucesión.
Así lo expresó Monseñor Francisco Ozoria Acosta, Arzobispo de Santo Domingo, al compartir la noticia con la comunidad eclesial:
“Recibimos con alegría y gozo esta grata noticia. Agradezco al Santo Padre, el Papa León XIV, que haya aceptado nuestra solicitud. En el camino sinodal que vive la Iglesia, necesitamos signos de comunión y corresponsabilidad. En este próximo año tenemos la oportunidad de vivir este elemento tan importante: la corresponsabilidad en la misión.”
Felicitamos a Monseñor Carlos Tomás Morel Diplán y le recibimos con alegría en la Arquidiócesis de Santo Domingo, en esta misión de comunión que la Madre Iglesia le encomienda, en la corresponsabilidad del gobierno pastoral.
🙏 Cuente con nuestras oraciones y colaboración.
Oramos también por la Diócesis de La Vega, para que Dios les provea un nuevo pastor conforme a su corazón.
+ Mons. Francisco Ozoria Acosta
Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo, Primado de América
Papa León XIV invita renovar el compromiso misionero
“Cada año, en la Jornada Mundial de las Misiones, toda la Iglesia se une en oración, especialmente por los misioneros y por la fecundidad de su labor apostólica”, dice el Pontífice en su video mensaje difundido por la Oficina de Prensa de la Santa Sede este lunes 13 de octubre.
El Santo Padre recuerda su experiencia como misionero en Perú, y los frutos que aporta las misiones y los misioneros a la Iglesia: “Cuando fui sacerdote, luego obispo misionero en Perú, vi de primera mano cómo la fe, la oración y la generosidad manifestadas en esta Jornada pueden transformar comunidades enteras”, dijo.
León XIV invita “a cada parroquia católica del mundo a participar en la Jornada Mundial de las Misiones. Sus oraciones y su apoyo ayudan a anunciar el Evangelio, a sostener programas pastorales y catequéticos, a construir nuevas iglesias y a atender las necesidades de salud y de educación de nuestros hermanos y hermanas en tierras de misión”.
También exhorta a renovar el compromiso misionero: “Este 19 de octubre, al reflexionar juntos sobre nuestra llamada bautismal a ser ‘misioneros de esperanza entre los pueblos’, renovemos nuestro compromiso con la dulce y alegre tarea de llevar a Jesucristo, nuestra Esperanza, hasta los últimos rincones del mundo”.
Publicamos a continuación el Mensaje del Santo Padre Francisco para la 99.a Jornada Mundial de las Misiones que se celebra, este año, el domingo 19 de octubre de 2025, sobre el tema “Misioneros de esperanza entre los pueblos”:
Mensaje del Santo Padre Francisco para la Jornada Misionera Mundial 2025
Misioneros de esperanza entre los pueblos
Queridos hermanos y hermanas:
Para la Jornada Mundial de las Misiones del Año jubilar 2025, cuyo mensaje central es la esperanza (cf. Bula Spes non confundit, 1), he elegido este lema: “Misioneros de esperanza entre los pueblos”, que recuerda a cada cristiano y a la Iglesia, comunidad de bautizados, la vocación fundamental a ser mensajeros y constructores de la esperanza, siguiendo las huellas de Cristo. Les deseo a todos que vivan un tiempo de gracia con el Dios fiel que nos ha regenerado en Cristo resucitado «para una esperanza viva» (cf. 1 P 1,3-4); a la vez que quisiera recordarles algunos aspectos relevantes de la identidad misionera cristiana, a fin de que podamos dejarnos guiar por el Espíritu de Dios y arder de santo celo para iniciar una nueva etapa evangelizadora de la Iglesia, enviada a reavivar la esperanza en un mundo abrumado por densas sombras (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 9-55).
1. Tras las huellas de Cristo nuestra esperanza
Celebrando el primer Jubileo ordinario del Tercer milenio, después del Jubileo del año dos mil, mantengamos la mirada orientada hacia Cristo, el centro de la historia, que «es el mismo ayer y hoy, y lo será para siempre» (Hb 13,8). Él, en la sinagoga de Nazaret, declaró el cumplimiento de la Escritura en el “hoy” de su presencia histórica. De ese modo, se reveló como el enviado del Padre con la unción del Espíritu Santo para llevar la Buena Noticia del Reino de Dios e inaugurar «un año de gracia del Señor» para toda la humanidad (cf. Lc 4,16-21).
En este místico “hoy”, que perdura hasta el fin del mundo, Cristo es el cumplimiento de la salvación para todos, particularmente para aquellos cuya esperanza es Dios. Él, en su vida terrena, «pasó haciendo el bien y curando a todos» del mal y del Maligno (cf. Hch 10,38), devolviendo la esperanza en Dios a los necesitados y al pueblo. Además, experimentó todas las fragilidades humanas, excepto la del pecado, pasando también momentos críticos, que podían conducir a la desesperación, como en la agonía del Getsemaní y en la cruz. Pero Jesús encomendaba todo a Dios Padre, obedeciendo con plena confianza a su plan salvífico para la humanidad, plan de paz para un futuro lleno de esperanza (cf. Jr 29,11). De esa manera, se convirtió en el divino Misionero de la esperanza, modelo supremo de todos aquellos que, a lo largo de los siglos, llevan adelante la misión recibida de Dios, incluso en las pruebas extremas.
El Señor Jesús continúa su ministerio de esperanza para la humanidad por medio de sus discípulos, enviados a todos los pueblos y acompañados místicamente por Él; también hoy sigue inclinándose ante cada persona pobre, afligida, desesperada y oprimida por el mal, para derramar sobre sus heridas «el aceite del consuelo y el vino de la esperanza» (Prefacio “Jesús, buen samaritano”). Obediente a su Señor y Maestro, y con su mismo espíritu de servicio, la Iglesia, comunidad de los discípulos-misioneros de Cristo, prolonga esa misión ofreciendo la vida por todos en medio de las gentes. La Iglesia, aun teniendo que afrontar, por un lado, persecuciones, tribulaciones y dificultades, y, por otro lado, sus propias imperfecciones y caídas, a causa de las fragilidades de sus miembros, está impulsada constantemente por el amor de Cristo a avanzar unida a Él en este camino misionero y a acoger, como Él y con Él, el clamor de la humanidad; más aún, el gemido de toda criatura, en espera de la redención definitiva. Esta es la Iglesia que el Señor llama desde siempre y para siempre a seguir sus huellas; «no una Iglesia estática, [sino] una Iglesia misionera, que camina con el Señor por las vías del mundo» (Homilía en la Santa Misa al finalizar la Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos, 27 octubre 2024).
Por eso, también nosotros sintámonos inspirados a ponernos en camino tras las huellas del Señor Jesús para ser, con Él y en Él, signos y mensajeros de esperanza para todos, en cada lugar y circunstancia que Dios nos concede vivir. ¡Que todos los bautizados, discípulos-misioneros de Cristo, hagan resplandecer la propia esperanza en cada rincón de la tierra!
2. Los cristianos, portadores y constructores de esperanza entre los pueblos
Siguiendo a Cristo el Señor, los cristianos están llamados a transmitir la Buena Noticia compartiendo las condiciones de vida concretas de las personas que encuentran, siendo así portadores y constructores de esperanza. Porque, en efecto, «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón» (Gaudium et spes,1).
Esta célebre afirmación del Concilio Vaticano II, que expresa el sentir y el estilo de las comunidades cristianas de todos los tiempos, sigue inspirando a sus miembros y los ayuda a caminar con sus hermanos y hermanas en el mundo. Pienso particularmente en ustedes, misioneros y misioneras ad gentes, que, siguiendo la llamada divina, han ido a otras naciones para dar a conocer el amor de Dios en Cristo. ¡Gracias de corazón! Sus vidas son una respuesta concreta al mandato de Cristo resucitado, que ha enviado a sus discípulos a evangelizar a todos los pueblos (cf. Mt 28,18-20). De ese modo, ustedes señalan la vocación universal de los bautizados a ser, con la fuerza del Espíritu Santo y el compromiso cotidiano, entre los pueblos, misioneros de esa inmensa esperanza que nos concede Jesús, el Señor.
El horizonte de esta esperanza va más allá de las realidades mundanas pasajeras y se abre a las divinas, que ya pregustamos en el presente. En efecto, como recordaba san Pablo VI, la salvación en Cristo, que la Iglesia ofrece a todos como don de la misericordia de Dios, no es sólo «inmanente, a medida de las necesidades materiales o incluso espirituales que […] se identifican totalmente con los deseos, las esperanzas, los asuntos y las luchas temporales, sino una salvación que desborda todos estos límites para realizarse en una comunión con el único Absoluto Dios, salvación trascendente, escatológica, que comienza ciertamente en esta vida, pero que tiene su cumplimiento en la eternidad» (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 27).
Animadas por una esperanza tan grande, las comunidades cristianas pueden ser signos de una nueva humanidad en un mundo que, en las zonas más “desarrolladas”, muestra síntomas graves de crisis de lo humano: un sentimiento generalizado de desorientación, soledad y abandono de los ancianos; dificultad para estar disponibles a ayudar a quienes nos rodean. En las naciones más avanzadas tecnológicamente, está decayendo la proximidad; estamos todos interconectados, pero no estamos en relación. La eficiencia y el apego a las cosas y a las ambiciones hacen que estemos centrados en nosotros mismos y seamos incapaces de altruismo. El Evangelio, vivido en la comunidad, puede restituirnos una humanidad íntegra, sana, redimida.
Por lo tanto, renuevo la invitación a realizar las obras indicadas en la Bula de convocación del Jubileo (nn. 7-15), con particular atención a los más pobres y débiles, a los enfermos, a los ancianos, a los excluidos de la sociedad materialista y consumista. Y a hacerlo con el estilo de Dios: con cercanía, compasión y ternura, cuidando la relación personal con los hermanos y las hermanas en su situación concreta (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 127-128). Muchas veces, serán ellos quienes nos enseñarán a vivir con esperanza. Y a través del contacto personal podremos transmitir el amor del Corazón compasivo del Señor. Experimentaremos que «el Corazón de Cristo […] es el núcleo viviente del primer anuncio» (Carta enc. Dilexit nos, 32). Bebiendo de esta fuente, la esperanza recibida de Dios se puede ofrecer con sencillez (cf. 1 P 1,21), llevando a los demás el mismo consuelo con el que nosotros hemos sido consolados por Dios (cf. 2 Co 1,3-4). En el Corazón humano y divino de Jesús, Dios quiere hablar al corazón de cada persona, atrayendo a todos con su amor. «Nosotros hemos sido enviados para continuar esta misión: ser signo del Corazón de Cristo y del amor del Padre, abrazando al mundo entero» (Discurso a los participantes en la Asamblea General de las Obras Misionales Pontificias, 3 junio 2023).
3. Renovar la misión de la esperanza
Hoy, ante la urgencia de la misión de la esperanza, los discípulos de Cristo están llamados en primer lugar a formarse, para ser “artesanos” de esperanza y restauradores de una humanidad con frecuencia distraída e infeliz.
Para ello, es necesario renovar en nosotros la espiritualidad pascual, que vivimos en cada celebración eucarística y sobre todo en el Triduo Pascual, centro y culmen del año litúrgico. Hemos sido bautizados en la muerte y resurrección redentora de Cristo, en la Pascua del Señor, que marca la eterna primavera de la historia. Somos entonces “gente de primavera”, con una mirada siempre llena de esperanza para compartir con todos, porque en Cristo «creemos y sabemos que la muerte y el odio no son las últimas palabras» sobre la existencia humana (cf. Catequesis, 23 agosto 2017). Por eso, de los misterios pascuales, que se actualizan en las celebraciones litúrgicas y en los sacramentos, recibimos continuamente la fuerza del Espíritu Santo con el celo, la determinación y la paciencia para trabajar en el vasto campo de la evangelización del mundo. «Cristo resucitado y glorioso es la fuente profunda de nuestra esperanza, y no nos faltará su ayuda para cumplir la misión que nos encomienda» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 275). En Él vivimos y testimoniamos esa santa esperanza que es “un don y una tarea para cada cristiano” (cf. La speranza è una luce nella notte, Ciudad del Vaticano 2024, 7).
Los misioneros de esperanza son hombres y mujeres de oración, porque “la persona que espera es una persona que reza”, como decía el venerable cardenal Van Thuan, que mantuvo viva la esperanza en la larga tribulación de la cárcel gracias a la fuerza que recibía de la oración perseverante y de la Eucaristía (cf. F.X. Nguyen Van Thuan, Il cammino della speranza, Roma 2001, n. 963). No olvidemos que rezar es la primera acción misionera y, al mismo tiempo, «la primera fuerza de la esperanza» (Catequesis, 20 mayo 2020).
Por eso, renovemos la misión de la esperanza empezando por la oración, sobre todo la que se hace con la Palabra de Dios y particularmente con los Salmos, que son una gran sinfonía de oración cuyo compositor es el Espíritu Santo (cf.Catequesis, 19 junio 2024). Los Salmos nos educan para esperar en las adversidades, para discernir los signos de esperanza y tener el constante deseo “misionero” de que Dios sea alabado por todos los pueblos (cf. Sal 41,12; 67,4). Rezando mantenemos encendida la llama de la esperanza que Dios encendió en nosotros, para que se convierta en una gran hoguera, que ilumine y dé calor a todos los que están alrededor, también con acciones y gestos concretos inspirados por esa misma oración.
Finalmente, la evangelización es siempre un proceso comunitario, como el carácter de la esperanza cristiana (cf. Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi, 14). Dicho proceso no termina con el primer anuncio y el bautismo, sino que continúa con la construcción de las comunidades cristianas a través del acompañamiento de cada bautizado por el camino del Evangelio. En la sociedad moderna, la pertenencia a la Iglesia no es nunca una realidad adquirida de una vez por todas. Por eso, la acción misionera de transmitir y formar una fe madura en Cristo es «el paradigma de toda obra de la Iglesia» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 15), una obra que requiere comunión de oración y de acción. Sigo insistiendo sobre esta sinodalidad misionera de la Iglesia, como también sobre el servicio de las Obras Misionales Pontificias en promover la responsabilidad misionera de los bautizados y sostener a las nuevas Iglesias particulares. Y los exhorto a todos ustedes —niños, jóvenes, adultos, ancianos—, a participar activamente en la común misión evangelizadora con el testimonio de sus vidas y con la oración, con sus sacrificios y su generosidad. Por esto, ¡gracias de corazón!
Queridas hermanas y queridos hermanos, acudamos a María, Madre de Jesucristo, nuestra esperanza. A Ella le confiamos este deseo para el Jubileo y para los años futuros: «Que la luz de la esperanza cristiana pueda llegar a todas las personas, como mensaje del amor de Dios que se dirige a todos. Y que la Iglesia sea testigo fiel de este anuncio en todas partes del mundo» (Bula Spes non confundit, 6).
Roma, San Juan de Letrán, 25 de enero de 2025, fiesta de la Conversión del apóstol san Pablo.
FRANCISCO
Enlace oficial: https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2025/02/06/060225a.html











