Evangelio del día 7 de febrero 2018

Lectura del santo evangelio según San Marcos 7,14-23

En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchen y entiendan todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír, que oiga.»

Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. Él les dijo: «¿Tan torpes son también ustedes? ¿No comprenden? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina.»

Con esto declaraba puros todos los alimentos. Y siguió: «Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»  Palabra del Señor.

Meditación

Lo que hace impuro es lo que sale del corazón El Evangelio de hoy es la continuación del tema que meditamos ayer. Jesús ayuda a la gente y a los discípulos a entender mejor el significado que la pureza tiene ante Dios. Desde siglos, para no volverse impuros, los judíos observaban muchas normas y costumbres relacionadas con comida, bebida, ropa, higiene del cuerpo, lavado de los vasos, contacto con personas de otra religión y raza, etc. (Mc 7,3-4).

No tenían permiso para entrar en contacto con los paganos y para comer con ellos. En los años 70, época de Marcos, algunos judíos convertidos decían: “Ahora que somos cristianos tenemos que abandonar estas costumbres antiguas que nos separan de los paganos convertidos.”

Pero otros pensaban que debían continuar observando estas leyes de la pureza (Col 2,16.20-22). La actitud de Jesús, descrita en el evangelio de hoy, nos ayuda a superar el problema. Dice a la multitud: “¡Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre!» (Mc 7,15).

Jesús invierte las cosas: lo impuro no viene de fuera para dentro, como enseñaban los doctores de la ley, sino de dentro para fuera. De este modo.

Jesús coloca lo puro y lo impuro a otro nivel, a nivel del comportamiento ético. Abre un nuevo sendero para llegar hasta Dios y, así, realiza el deseo más profundo de la gente.

En la explicación a los discípulos (Mc 7,17-23) va hasta el fondo de la cuestión de la pureza. ¡Declara puros todos los alimentos! Es decir: ningún alimento que entra en el ser humano puede volverlo impuro, pues no va hasta el corazón, sino que va al estómago y termina de nuevo fuera del ser humano. Sino que lo que vuelve impuro, dice Jesús, es aquello que sale del corazón para envenenar la relación humana. Y enumera: prostitución, robo, asesinato, adulterio, ambición, etc.

Los judíos de la época de Jesús se preocupaban mucho por la pureza. La ley y las normas de la pureza indicaban las condiciones necesarias para que alguien pudiera presentarse ante Dios. No era posible presentarse ante Él de cualquier manera. Pues Dios es Santo. Los impuros no podían llegar cerca de Dios para recibir de Él la bendición prometida a Abrahán.

Todas aquellas costumbres y creencias las fue derrumbando Jesús, con sus enseñanzas y sus actitudes.

Desterremos de entre nosotros todas las prácticas religiosas que, en vez de liberarnos, nos oprimen y fortalezcamos aquellas que construyen la amistad y la sana convivencia entre los seres humanos. Que nos acerquemos a Dios y a los demás con un corazón sincero. En definitiva, se nos pide ser tolerantes con quienes tienen otras costumbres y no sólo en el comer, sino en la manera de ser y de pensar.