febrero 24, 2024 12:48 pm
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Dirigir unas palabras a los jóvenes en este día es ocasión precisa para pensar en las grandes oportunidades que representa cada joven para la sociedad, para la Iglesia. La fuerza transformadora más segura con la que cuenta cada país son los jóvenes, pero suele pasar desapercibido. Por la falta de confianza con la que se le trata y en cierto modo la inseguridad de cómo lo harán. Ser joven es el don más aventurero con el que Dios nos ha premiado. La juventud experimenta alegría sincera, pasiones fuertes en todos los ámbitos humanos, sueños constantes, búsquedas permanentes. Pero también se inscriben, crisis, vacíos existenciales, rebeldías constantes ante la autoridad, soledad, lágrimas. Cada una de estas realidades son tan pasajeras como la misma juventud. Después voltearemos la mirada y diremos ese he sido yo, esa es mi historia.

En los jóvenes tenemos oportunidad de leer que algo nuevo está pasando en el mundo, los jóvenes son los que históricamente marcan el cambio en la sociedad. En nuestro país nos damos cuenta de que algo nuevo está pasando, fruto del comportamiento de los jóvenes y su forma de relacionarse con diferentes aspectos;

  1. La naturaleza; siempre hay que alzar la voz ante la agresión contra el medio ambiente, el cuidado del agua, de la vegetación, la administración de la basura. Hoy tenemos tanta presencia en el mundo virtual, que ignoramos que nuestra casa común está amenazada. Los más poderosos son los que más dañan, los que más recursos tiene, son los que más desperdicios producen, pero los que menos sufren las consecuencias. La relación de los jóvenes con la naturaleza manifiesta y genera una transformación social ante el emergente tema del medio ambiente.
  2. La política; hoy no podemos obviar la mirada de la presencia de los jóvenes en la política, en un país donde la forma de hacer política es ampliamente cuestionada, porque aún no se ve con claridad el interés que se tiene por ella. Tampoco vemos con claridad donde radica el poder, si en el Estado, en los políticos, en los grupos económicos, pues no es menos cierto que hoy tienen poder los que manejan la tecnología y la información. Y en la mayoría de los casos esos poderes están aliado en una pirámide impenetrable, que desplaza las aspiraciones de los jóvenes que suele tener propuestas nuevas, miradas nuevas, conquistas nuevas. Los jóvenes de este momento histórico de la república dominicana no han creado la realidad política en la que viven. Estas junto a las condiciones sociales, económicas y culturales son para ellos una realidad que se le ha dado, independientemente de su voluntad. Es en esa realidad que luchan por sobrevivir y van construyendo su propia realidad y sueñan con un mejor mañana.

Nuestro país cada día busca ser más plural. Crece la valoración de las diferencias y el llamado al diálogo en una sociedad pluralista. Pero al mismo tiempo, este pluralismo acrecienta las posturas subjetivas, y en muchos casos genera actitudes de sincretismo y de gran confusión. los jóvenes intentan sobrevivir con los valores que poseen y luchan por encontrar un lugar en la historia. Es una juventud a la que la cultura de lo mediático le ha hecho perder en gran medida el sentido existencial y que necesita urgentemente encontrar una buena noticia que le devuelva el deseo de vivir y le abra las puertas a una cultura de la vida.

Es desde ese escenario donde la Iglesia tiene que cumplir con su trabajo evangelizador, convirtiéndose en respuesta y no en confusión para los jóvenes. Es desee ahí donde desde la pastoral juvenil buscamos ser más que una propuesta, ser un camino a recorrer de manera temporal, con puertas abiertas de entrada y salida, consciente que la meta es el Reino de Dios y el medio es la felicidad y la Iglesia.

Rvdo. P. Francisco Benito Alvarado Herrera.
Vicario Episcopal de Pastoral de Adolescencia y Juventud.

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