febrero 24, 2024 11:28 am
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Palabras en la fiesta de la presentación del señor, XXVIII Jornada de la Vida Consagrada 2024

by Arquidiocesis de Santo Domingo

Hermanas y hermanos, paz y bien. Les saludo a todos y a todas en el mismo amor entrañable que el anciano Simeón y la profetiza Ana le han profesado al niño Jesús, a San José y la Virgen María en el evangelio de hoy.

Este año 2024 estamos celebrando el Bigésimo Octavo aniversario de la primera Jorndada Mundial de la Vida Consagrada, instituida por el Papa San Juan Pablo II en el año 1997, para alentar a la Iglesia Católica a orar por todos los consagrados para que reconozcamos, como lo han hecho en su mensaje de este año los obispos de la Comisión Episcopal Española para la Vida Consagrada, al reconocer que los consagrados son un don invaluable para la Iglesia y para el mundo «en su riqueza de modos y carismas, inspirados por el Espíritu Santo a través de la escucha y el discernimiento comunitario».

El hecho de que el contexto de esta celebración sea la solemnidad de la Presentación del Señor nos sumerge en este precioso misterio de la vida de Cristo y nos recuerda que su consagración al Padre y a la realización de su Reino
desde su más tierna infancia son los dos ejes vertebradores de toda consagración auténtica. Propuesta que se ha de experimentar como una llamada a vivir en santidad, tal como la ha sugerido el Papa Francisco en la Gaudete et exultate:
encarnada en el horizonte de Las Bienaventuranzas y en la perspectiva del Gran Protocolo del Juicio Final. Textos evangélicos que nos señalan que el amor es la característica primordial de toda vocación cristiana.

La Jornada Mundial de la Vida Consagrada de este año se enmarca en un escenario muy particular, el camino preparatorio al Jubileo de la Vida Consagrada del año santo 2025, mediante el cual el Papa Francisco nos ha invitado a vivir un proceso de reconciliación y conversión que nos constituye en testigos de la esperanza en medio de una sociedad que está al borde de la
desesperación, en promotores de la paz en un mundo que vive en una guerra permanente y generalizada, en personas solidarias con los últimos y los marginados, en una sociedad para la que estos no cuentan, y en protectores de la casa común en medio del consumismo ramplante que hoy amenaza nuestra supervivencia y la del planeta tierra. Desde estas tierras caribeñas queremos unirnos en la oración y en el espíritu a los trescientos representantes de las diferentes formas de vida consagrada de los cinco continentes, de más de sesenta países, que del primero al cuatro de febrero están en Roma participando  en el Encuentro internacional de consagradas y consagrados en preparación a este Jubileo, para que de verdad todos nosotros y nosotras nos convirtamos en verdaderos “Peregrinos de esperanza por el camino de la paz”.

Además, esta Jornada la vivimos en medio de la segunda fase del sínodo sobre la sinódalidad que está enraizando más profundamente a nuestra Iglesia en el paradigma vivido por la iglesia primitiva, en la que la participación, la
comunión y la misión eran el clima natural que hacía posible la encarnación del proyecto de Jesús en un contexto social, económico, político y cultural que era tan desafiante como hoy lo es el nuestro. Alineados con esta realidad, en el
recien finalizado Encuentro Nacional de la Conferencia Dominicana de Religiosos y Religiosas (CONDOR) se nos ha desafiado a encarar todas las consecuencias del llamado que el Señor nos ha hecho a través de su Vicario, el
Papa Francisco, a ser una Iglesia Sinodal, en la que todos y todas caminamos juntos hacia el Padre, tras las huellas de Jesús, impulsados por la fuerza del Espíritu Santo. Norte al que también apunta el magisterio de monseñor Francisco Ozoria Acosta, como bien lo demustra su carta pastoral Una Iglesia enteramente Ministerial y Sinodal, en la que este nos ha animado a impulsar esta paradigma en nuestra iglesia particular.

Conscientes de que la Vida Consagrada está cimentada en el mismo corazón de la Iglesia (Vita consecrata, n. 3) y acogiendo la propuesta de la Conferencia del Episcopado Dominicano al asumir como lema del Plan Nacional de Pastoral para el año 2024 la consigna “Con Jesús, en comunión y oración, transformamos la nación”, la Vicaría de Vida Consagrada de la
Arquidiócesis de Santo Domingo ha convocado a todas las Vírgenes Consagradas y a todos los integrantes de las Órdenes y Congregaciones Religiosas y de los Instititutos Seculares que hacen vida en esta pequeña porción de la Iglesia Católica para participar de nuestra Bigésimo Octava Jornada Mundial de la Vida Consagrada con el lema: “Consagrados y consagradas Orantes, peregrinos de la Esperanza”, porque este es el ideal que queremos concretar en nuestra actual sociedad dominicana, tan necesitada de una esperanza que sea más que una ilusión enajenante o que una simple promesa
de campaña que se esfuma como si nada cuando los políticos asumen el poder.

Por experiencia propia y ajena, nosotros sabemos que esto solo es posible con una vida intensa de oración. Que los velones encendidos con los que hoy hemos recorrido las calles de nuestra ciudad colonial nos enraícen en la certeza de que
solo seremos fuego encendido de Dios que ilumina este mundo, si nos acercamos insistente y permanentemente a Jesús, para que sea Él quien encienda nuestros corazones con la llama de su Santo Espíritu. Solo así seremos, como Él, un reflejo genuino del amor del Dios que Él mismo nos ha revelado como nuestro Padre.

Quisiera terminar estas breves palabras, evocando una cita del Papa Francisco cuando además de a la Iglesia universal, ayer se dirigía a los 300 consagrados y consagradas de todo el mundo que fueron convocados para participar en el encuentro preparatorio del gran jubileo de la Vida Consagrada del año 2025:

La vida frenética de hoy incita a cerrar muchas puertas al encuentro, a menudo por miedo al otro. Las puertas de los centros comerciales y de las conexiones de red siempre están abiertas pero que no sea así en la vida consagrada. El hermano y la hermana que Dios me da son parte de mi historia, son dones que hay que proteger. Que no suceda que se mire más
la pantalla del celular que los ojos del hermano.

Que esta invitación que nos hace el Papa Francisco nos interpele para no cerrar las puertas a los hermanos con quienes convivimos, para mirarlos a los ojos y al corazón, para reconocerlos como el don preciado de Dios que ellos son
y que hemos de proteger siempre y en toda circunstancia, para que nos aleje de la tentación de ser “luz de la calle y oscuridad de la casa” como bien sintetiza el refrán y, finalmente, para que nos aliente a seguir apostando por la fraternidad
universal a la que todos nosotros hemos sido convocados y convocadas.

Nuestra Señora de la Candelaria… Ruega por nosotros

Fray Jit Manuel Castillo de la Cruz, OFM
2 de febrero de 2024

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